Ensayo sobre el imaginario de un vago (I Parte)



¿Dónde busco la vida, o mejor dicho, dónde la desbarato? Todo tan mecanizado a la imperfección latina, esas caminatas de vago pateando el aburrimiento de tanto no hacer nada, las calles sucias llenas de enfermos y mal vestidos. Veo cojos todo el tiempo, que llego al punto de desnivelar mi mirada que termina por sacarme de pensamientos justicieros o de incansable sexo. La gente carece de sonrisa y camina con un apuro de emergencia, tal vez van al baño o han pillado a su novia con un amante, que se yo, por cualquier motivo se ven igual de amargos.  Trato de mantener la mirada y una sonrisa sin detener el paso –un ejercicio que aprendí en un taller de teatro- y solo encuentro rechazo o agresión, la vida es la desconfianza misma y no me extraña que me haya vuelto solitario, los amigos son pocos y todos están en su propio mundo. Hace tiempo pasó por mi la jovialidad y sigo soltero, en cambio mis amigos han escalado socialmente con hijos y trabajo estable, que además, no les deja tiempo para volver a ser vagos. Yo sigo siendo un errante que nunca ha trabajado un año corrido, hay pausas, y si pudiera vestiría las mismas zapatillas de por vida, pero se desgastan y se destrozan al igual que una relación con una histérica, o peor, con una santurrona. La ciudad se me ha hecho monótona, los mismos barrios, las mismas tradiciones, el mismo comportamiento fiestero por el barrio Bellavista o en las cantinas de obreros acabados, y en contraposición el color de la economía brilla hacia el oriente como la estrella de navidad.
  Que descalibrada está la ciudad, los insultos son de altos decibeles que aguardan a cualquiera en el lugar menos esperado y, sin duda, el desprecio debe ser lo más doloroso, no requiere palabra alguna y solo los selectos pueden aplicarlo tan bien. No lo voy a saber yo que lo he recibido varias veces y lo habré hecho otras tantas, es una pelota que se pasan de unos a otros para diferenciarse entre clanes como la vida de esos perros que nos narrará Kafka oliéndose o ladrando con acentos tan coloquiales según su procedencia, ya sea de una avenida de barrio mezquino o el de los olvidados sin un árbol para tomar sombra o marcar territorio. Así de desalmados son por esta ciudad civilizada, que solo se unen para celebrar leseras como el día de la independencia o un triunfo de un deporte de pelotas.
La infamia por querer  controlar  todo aturde, tanto video circulando por los teléfonos que ya nadie camina derecho, la policía pega duro aunque se dicen democráticos y constitucionales y los vagos como yo ya no pueden dormir tranquilo ni en la banca de una plaza, los municipios no nos dejan tranquilo ni a nosotros que somos buena onda y que tan solo pedimos una par de monedas para pasar las penas con un poco de alcohol ¿a quién le hace daño eso? Puede que no huela muy bien, pero no es fácil asearse cuando no hay baño a la mano, y la vergüenza por las necesidades fisiológicas se fueron perdiendo junto al descaro de los políticos y los empresarios que se olvidan de los que no tienen. Así que me da lo mismo cagar donde sea, mientras pueda mantener lo más limpio posible mi única ropa hasta que pueda conseguir otra, ya sea por caridad o hacer lo imposible por conseguirlo, porque nosotros los vagos también tenemos un límite olorífico. Entonces, uno va conociendo gente en la noche que le gusta ser dueño de lo ajeno, y de tanta conversa y risas después de un vino malo -pero efectivo- te ayudan con algo que pueden conseguir de otro, no es que les desee mal a las personas afectadas, pero a nosotros cualquier ayuda nos sirve.
  Puede que mi forma de vida sea perturbadora para la gente que trabaja, lo sé, a mi también me ha dado asco la rutina de las ocho horas que se alargan a 10 o quizá cuanto más… si no fuera por los sindicatos quizás como sería… pero hay que ver cómo esos fulanos que negocian siempre salen con algo nuevo. Y bueno, es así, el más fuerte predomina…  pero anda a entender a la gente que quiere un auto último modelo y viajar al caribe como si se les fuera a arreglar la vida, cuando por el contrario terminan llenos de deudas y ya no saben de dónde sacar para cubrir cuanta estupidez no se han comprado. Las peleas de parejas no las habré visto por montones, si las recreara podría ser un dramaturgo como William Shakespeare y ya tendría de seguro un par de casas y una de esas minas tetonas y calientes que salen en la televisión, sería todo diversión y la alegría se extendería como los dientes blanqueados de un famoso vendiendo productos de consumo. Pero aquí estoy recogiendo sobras de todo, creo que sirvo para reciclar o reutilizar lo que algunos llaman desperdicio, así voy acomodando mi rinconcito que tengo a un costado del parque forestal. Por lo menos tengo un tarro donde puedo prender fuego y calentar una sopa, y no sabe como ayuda pal frío. A veces me visitan los amigos que siempre deambulan por esa zona y les ofrezco lo que puedo, generalmente trozos de pan o si me ha ido mejor les tiro un pedazo de jamón, y cuando les veo la cara de atención  les acaricio la peluda cabeza y ellos extienden su lengua para mostrar su agradecimiento. Nos conocemos ya varios meses y me han salvado más de alguna vez. No se si tendrán otros nombres o como se llamarán entre ellos, pero yo le puse a uno Rasta, y a la perrita Sra. Wilson. Eso si, no dejo que se acerquen al colchón que tengo porque no quiero terminar arropado de pulgas, no se puede dormir, ya me ha pasado otras veces… pero pensándolo bien, un vago se acostumbra a todo y es generoso hasta con los parásitos.


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